Toda la vida he conciliado mal el sueño. Hace años que di con la melatonina, y eso, unido a unos hábitos que de regulares son monacales, hacen que consiga dormir. Ahora se que puedo culpar a la glándula pineal, y a una escasez de materia prima - serotonina- que la lleva a no funcionar muy allá. Vamós, que mi epitalamo esta entre mal y defectuoso.
Toda esta confesión viene porque para dormirme escucho la radio. Si la cosa va mal, termino en el horario de la radio deportiva. Llevo años durmiendo escuchando fútbol, y lo cierto, es que no me interesa nada. Quizás por eso, y porque la charla suele ser distendida, me duermo. Como algo me interese, mi cerebro se reconecta y estamos perdidos. Conozco nombres y alineaciones de equipos que no ubico, jugadores que no me interesan, y llevo un año con las discusiones del VAR. Confieso que con estas ultimas me río mucho. No puedo concebir que haya adultos que discutan apasionadamente por algo tan nimio. Pero al final la vida es eso supongo, preocuparse de sandeces hasta que una cosa importante te da un tortazo y dices aquello de: "Cuanto tiempo he perdido sin pararme a oler el café". El efecto coronavirus que ahora parece tener todo el mundo, y que va a durar dos días. "La cabra tira al monte" dijo ayer en una entrevista, un sin pretenderlo profético, Sandro Rosell. Por primera vez coincido con él en algo.