Una vez leí que la infancia era lo único que realmente nos pertenecía. Si yo pienso en la mejor parte de la mía, esa estaría en una cocina con muebles verdes y una mesa marrón de bancos corridos. Hoy la dueña de esa cocina se ha ido, y al volver a verla, la he encontrado mucho más pequeña de lo que era en mi memoria.
A la dueña de esa cocina nunca le gusté demasiado. Siempre me miraba esperando de mi algún gesto caprichoso, fruto de mi mala educación de hija única capitalista. Tristemente me he pasado la vida rodeada de personas que siempre me han juzgado mal, y en realidad, nunca han sabido como soy en realidad. Supongo que me aceptó por ser hija de una amiga a la que la unía una relación de esas especiales. De esas que te llevan a tener hoy que devolver la llave de su casa después de muchos años. Que duro picar a una puerta que antes no existía.
