miércoles, 2 de noviembre de 2016

Post elecciones: 16 febrero 1936

        Tal y como comentaba en mi post anterior las elecciones se produjeron y D. José Antonio Primo de Rivera, aceptaba el holgado triunfo de las izquierdas. El fantasma de la guerra civil como idea, planeaba por el ambiente, y como ahora sabemos, no se quedó solo en eso.
 
         Transcribo el artículo al que hacia mención en el capitulo anterior:  “Sucedió lo que tenía que suceder. Las derechas – Acción Popular sobre todo – cubrieron  las paredes  de toda España con millones de carteles horribles. Convendría que los técnicos de la CEDA pensaran si ese alarde fanfarrón de dinero no la habrá ganado la antipatía de algunos millares de  electores; es decir, sí la fatuidad publicitaria no habrá sido contraproducente. De todas maneras, nadie ha disentido de este parecer: la propaganda de las derechas ha sido un total desacierto. Al menos en 1933 se invocaron valores nacionales  y religiosos; ahora, todo ha sido materialismo: llamadas al egoísmo asustadizo de los pudientes  y cucamonas – en falsete – al obrero honrado. Un desastre. Las izquierdas no trataron de competir con aquel frenético lujo. Su austeridad propagandística acabo por resultar simpática, aún para los alejados de los partidos de izquierdas. Así llegó la fecha de las elecciones. La prensa de derechas redobló la balandronada. Acción Popular, en una última muestra de delirio, cubrió toda una fachada de la Puerta del Sol con el famoso biombo que tardaremos en olvidar. El aplastamiento de las izquierdas era seguro. Y, en efecto, ganaron las elecciones.”

       D. Salvador de Madariaga, comentó al respecto: “En la práctica, los resultados de las elecciones supusieron una clara victoria de las izquierdas… " Una vez reunido el Congreso, comenzó una revisión de las cifras iniciales que, según frase del Sr. Alcalá Zamora, a quien nadie acusaría de excesiva simpatía hacia el Sr. Gil Robles, "Redujo los resultados favorables a las derechas con un inexcusable partidismo". Las cifras de la primera vuelta fueron: Frente Popular, 258 diputados; Centro, 62; Derecha, 152. Las cifras revisadas, respectivamente, 277, 32 y 132.
       Según rotunda afirmación de D. Salvador, en un “corrillo” de las Cortes, que recoge el hoy desaparecido Blanco y Negro en su edición de 3 de abril de 1936: “… combinando adecuadamente las cifras podría llegar a deducirse una victoria derechista, en voto popular”. Concluyendo: “El pueblo español quiso quitar fuerza a los extremismos; votó, en efecto: dos a uno contra el marxismo y dos a uno contra los clericales y militaristas; ocho a uno contra una revolución socialista; casi unánimemente contra una revolución militar”. Interpretando D. Salvador las elecciones, como un claro triunfo de D. Manuel Azaña.
 
       Vemos que la cosa no estaba muy clara, o si lo estaba, depende de como se mire. Lo cierto es que el confusionismo dejado por las elecciones de febrero de 1936 continuó imperando. Nos encontramos por ejemplo con un   comentario de D. Joaquín Arrarás Iribarren, del 17 de febrero, donde afirma que el entonces general D. Francisco Franco:  "trata de convencer al gobierno de  D. Manuel Portela Valladares, para que declare el estado de guerra". Propuesta que a priori parece ser aceptada por el consejo de ministros, llegando incluso a aprobarla, aunque luego no tuvieron valor para llevarla a ejecución. Así las cosas, a primeras horas de la mañana del 18 de febrero, D. Manuel Portela, “presa del pánico”  (afirmación rotunda del ya citado periodista), le ruega a D. Manuel Azaña  que asuma de modo inmediato el poder en nombre del Frente Popular. Encargo aceptado con gusto por D. Manuel ,en la mañana del día siguiente, 19 de febrero de 1936.
 
    D. Niceto Alcalá Zamora, deja constancia por escrito de su total coincidencia con el Sr. Portela, en que dicha medida podía ser la única forma de poner coto al caos que se preveía. El problema era que dicha anticipación, fruto de la "pasión electoral", era en si misma una ilegalidad y una invitación al falseamiento persistente de los resultados provisionales, incluso de las actas no adjudicadas todavía.
 
     No obstante, a la consiguiente “pasión electoral” vivida en el momento, dicha anticipación, a más de ser ilegal, constituyó por sí misma una invitación sistemática al falseamiento persistente de los resultados provisionales, e incluso de las actas no adjudicadas todavía. Tanto D. Salvador de Madariaga como D. Gabriel Jackson, abren y dejan abiertas pistas interesantes para sentar las bases de una seria investigación: la actitud real de las derechas en esas fechas decisivas. La preocupación de las fuerzas armadas (Ejército, Armada  y en menor medida Aire), era lógica, ya que la entrega del poder a D. Manuel, a quien de hecho consideraban su mayor enemigo, les inquietaba a nivel individual y como “corporación”, más que colectivo.
Sin embargo la posible cooperación de  D. Manuel  Azaña con D. Indalecio Prieto, despertó verdadera expectación entre muchos ciudadanos de buena fe: dado el interés que puede tener como punto inicial al falseamiento electoral, basta leer el testimonio de D. Miguel Primo, el cual lo podría decir más alto, pero no más claro: " La documentación del “Dictamen de los Nacionalistas”, prueba hasta la saciedad la existencia de fraudes electorales tan importantes, que la legalidad teórica del Frente Popular queda en entredicho".
 
     Como ya comenté al principio de esta serie,  también el sufragio universal y la teoría constitucional estaban de parte de la monarquía en 1931 y el propio Alfonso XIII y su innata cobardía, conociendo los resultados electorales, pensó en la victoria plebiscitaria de la República.
 
      Lo que queda claro a estas alturas es que la victoria del Frente Popular se debió, en gran medida, a la afluencia del voto anarquista ausente en las elecciones de 1933, pero también a la excesiva confianza y soberbia de las derechas, y también, por qué no decirlo, a las trampas electorales de unos y otros. Sea como fuere fue una victoria indiscutible que dejó sin salida a la gran mayoría moderada del país.
 
       El 16 de febrero de 1936, se forma el gobierno en base a una representación en coalición, de Izquierda Republicana y Unión Republicana. Como cada uno decide sus prioridades y las de los políticos casi nunca coinciden con las de los ciudadanos, a pesar de los gravísimos problemas existentes en el país las primeras medidas tomadas por el gobierno fueron: el estudio y aprobación de la amnistía para los presos de la revolución de octubre del 34; el restablecimiento de las relaciones rotas con Cataluña  levantándose la suspensión del Estatuto Catalán.
Se aprovecha de forma descarada, el supuesto "estado de alarma" creado por Falange Española a raíz del atentado cometido 12 de marzo por un afiliado a dicho partido, contra D. Luis Jiménez de Asúa  (a la sazón Vicepresidente de las Cortes) y en el que murió asesinado D. Jesús Gilbert, uno de sus escoltas.
Estas medidas fueron muy impopulares y contribuyeron a aumentar de forma considerable, la ya de por si enorme tensión política existente. D. Manuel Azaña pretende poner coto a la misma y el 3 de abril ofrece un discurso en las Cortes, donde aparte de templar los ánimos, ( o tratar de), intenta reorientar a los dos partidos con mayor representación en la Cámara: la CEDA y el PSOE. 
La “tensión en la calle”, al decir de mis abuelos (ambos significados en cada uno de los “bandos”) se palpaba, con desmanes de todo género.
 
       D. Manuel presenta en las Cortes el día 15 de abril su gobierno, pero a todas luces y por los acontecimientos que a posteriori se produjeron, tenía la fijación de desbancar al Presidente de la República, en la creencia de que su aura de popularidad lo elevaba más a este cargo, que al de mero Presidente del Consejo de Ministros. Quizás también estaba entre sus pretensiones, incorporar a los Socialistas al gobierno ya desde la Presidencia soñada. Con independencia de sus ideas y proyectos, confirmados con el tiempo, en las ciudades y villas ardían de nuevo las iglesias y conventos;  las facciones políticas se “liaban” a tiros, incluidas algunas veces las de un mismo partido, e incluso entre los trabajadores de las fábricas y/o talleres.
 
         Las Cortes, desde su misma constitución como tales, estrangulaban al gobierno y actuaban como eco de la guerra civil inminente que se estaba gestando, pues su propia agitación y falta de moderación, se transmitía a la calle. En plena cámara, los Sres. Diputados se injuriaban y agredían de palabra y obra; cada sesión, nada más iniciarse, pasaba a ser un continuo tumulto, con el consiguiente agravante de que, aquellos “prohombres cabales, representantes de la nación española”,  iban armados con el consiguiente riesgo que eso suponía en un estado de tensión como el que se vivía.. Dadas las frecuentes amenazas y alusión al uso de dichas armas de fuego, tuvo que adoptarse la vergonzante y denigrante decisión, de “cachear a tales legisladores” a la entrada al Congreso. Huelga decir que tal exaltación de ánimos, condenaba de antemano al Parlamento a la más absoluta inoperancia.
 
          Sin caer en el sentimentalismo, la destitución de D Niceto Alcalá Zamora como Presidente, fue una nueva muestra de sectarismo inútil que no contribuyó en absoluto a la pacificación nacional. La ofensiva contra D. Niceto corrió a cargo de D. Indalecio Prieto, quien parecía en sus intervenciones inmerso en un campeonato de esgrima sobre interpretaciones legales, cayendo en algunas ocasiones, en auténticos disparates dialécticos y en otras, en graves desatinos argumentales. El dislate histórico se consumó, y  tristemente se cumplió aquello de: "quien a hierro mata, a hierro muere" con la diferencia de que al Sr. Presidente, no se le concedió siquiera el intervalo hasta la puesta de sol que él había concedido  en el año 1931 a Alfonso XIII.
 
            Cuesta poco convencer a un ya "loco por la música" D. Manuel Azaña, que el mismo día  11 de mayo de 1936, se convierte en el flamante Presidente de la República Española. Imagino la cara de los Españoles de a pie que debían contemplar todos estos actos de sus políticos con asombro e impotencia. Quizás la salida que hubiese dado viabilidad a la nación en aquellos terribles momentos, hubiese sido el nombramiento de  D. Indalecio Prieto como Presidente del Consejo de Ministros. Quien, al margen de su intervención en la fulminante destitución del anterior Presidente de la República, había iniciado un tránsito a la moderación que dejó manifiesto en su famoso discurso del 1º de mayo de 1936, en  Cuenca. No obstante, su personal ascenso, se vería impedido por la crisis del socialismo. Casualmente en este partido tienen la "manía" de entrar en brote en el peor momento. El ala revolucionaria de Largo Caballero  y Claridad triunfaron reiteradas veces sobre la moderación del Sr. Prieto y el sentido común del Sr. Besteiro. La crisis del partido entonces,  al igual que la reciente del  “domingo de las pizzas”, tuvo nombres propios que trascendieron en el tiempo: los puñetazos y patadas que se propinaron sus dos “caciquillos” Zugazagoitia y Aranquistain, (a éstos ,al igual que a otros “personajillos”, deliberadamente les retiro el tratamiento de Sr. que siempre antepongo a todo apellido, omitiendo su nombre para no verme obligada a su vez a sustraerles el D.), en público, en el acto de elección presidencial en el Palacio de Cristal  del parque madrileño del Retiro.
         Casares Quiroga, preso de la abulia e infundado optimismo al que habitualmente hacía gala, “capeó el temporal” como mejor “sus  cortas luces” le dieron a entender.  Este mismo “personajillo”, como se verá oportunamente, fue uno de los directos intervinientes en la orden de detención ilegal y posterior asesinato de D. José Calvo Sotelo. Afirmación basada en declaración judicial del guardia de asalto,  Aniceto Castro Piñeiro, quien intervino directamente en tan luctuosos y vergonzantes hechos.
 
          Una vez más cualquier parecido con la actualidad es mera coincidencia, pero... ¡Que viene el lobo!
 
 
-----------------------------------------------------------------

 El texto y la investigación que subyace pertenecen a Audrey y yo. Si vas a usarlo, cita la fuente
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

2 comentarios: