miércoles, 27 de agosto de 2014

Concierto Yuan Sheng en Gijón

El mejor resumen del concierto ofrecido por el pianista Yuan Sheng ayer en el Jovellanos, lo hizo la señora sentada detrás de mi; "que bueno es". En realidad ella dijo; "que buenu ye".
Yuan sheng es, en efecto un gran interprete, pero es algo más; es un enamorado de la música. Ese amor se nota en el modo en que ejerce su oficio, en como interpreta, en el cuidado con el que escogió, y a posteriori, modificó el repertorio del concierto. Como el mismo dijo en una entrevista a la Nueva España, su deseo, era acercar la figura de Beethoven al publico, no como el Dios de la música, sino como el compositor que atravesó diversas etapas a lo largo de su vida. Creo que su repertorio lo logro, ya que comienza con una composición temprana del autor, una muy influenciada por otros autores, que suena alegre, colorida y sencilla, para terminar con todo el peso de la Sonata Waldstein.
De hecho, la propina que nos regaló, fue interpretar el segundo movimiento original de dicha sonata. Por lo visto, alguien muy osado, se atrevió a aconsejarle en su día a Beethoven, que acortara el movimiento que había escrito originalmente, al considerarlo demasiado extenso. Después de escuchar el original, debo decir, que este era mucho más hermoso y redondo. En fin, que gracias a Yuan sheng, he adquirido un poco más de cultura musical, amen de haberme hecho feliz durante casi dos horas de concierto.
Debo decir que una de mis sonatas preferidas de Beethoven es la Patética, y su interpretación; tanto técnica, como artísticamente, fue excepcional. Hubo momentos en que sentí que me elevaba de la butaca y flotaba en el aire rodeada de estrellas; ¡si!, como una muñequita manga.
Del "Claro de luna", poco tengo que decir, por supuesto fue una interpretación maravillosa, pero para mi es una obra muy manoseada. Recuerdo haberla escuchado por los pasillos de la vieja escuela de música de Gijón, tantas veces, que me resulta cansina.
Eso me llevó a pensar en la vieja escuela, en los años que pasé allí. En aquellos pasillos oscuros, en la madera, en los viejos pianos siempre desafinados. Recuerdo el polvo que se veía en el aire cuando la luz ambarina de la tarde invernal, se colaba por los ventanales. Recuerdo la música de piano, los violines, las voces... Durante las 32 variaciones en Do menor, composición de ensayo estilístico del autor, recorrí de nuevo aquellos pasillos, y un par de lágrimas me rodaron por la cara. ¿Seran los recuerdos plásticos y coloridos de mi hija, tan hermosos como los míos de madera y sobriedad?...
Un solo pero al concierto, creo que debían haber afinado el piano en el intermedio.
Para terminar mis felicitaciones a los organizadores del festival de piano de Gijon. Creo que es una de las mejores cosas que suceden cada año en la ciudad. Mi día preferido es el del marathon de piano en Begoña, uno que me perdí este año por encontrarme fuera.
Es maravilloso que los mejores interpretes del mundo de un instrumento, se concentren en una sola ciudad, mucho más, cuando se trata de nuestra pequeña villa marinera, no de NY.
Por cierto, no recuerdo si el logo del festival era el mismo el año pasado, lo encuentro un gran hallazgo; elegante y fluido.
Como cantaba Juan Pardo; "gracias por la música, que nos hace mágicos"














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