viernes, 25 de abril de 2014

Ospa, 24 abril

El concierto de ayer fue raro. Flotaba en el ambiente una cierta frialdad, quizás fuera que el titulo no invitaba a nada bueno, "La muerte, fuente de inspiración". Aquí una salvedad, entiendo que hacer una programación anual es complejo, que hay que introducir nuevos compositores y abrir horizontes musicales etc, etc, ¿pero de verdad con cinco millones de parados y un país en crisis, en la lluviosa Asturias, era el mejor año para dedicarlo a la guerra y la muerte?
Benjamin Bayl, en la linea Milanov que va vestido de conductor de limusina, vino vestido de conductor de autobús australiano. Propongo que un día, toda la orquesta se vista de blanco, si vamos a innovar y no ponernos el chaqué, ¡vamos a pasarlo bien!
La primera obra era de Ravel, La pavana para una infanta difunta. Curiosamente, con ese titulo, es una obra que siempre me ha parecido muy romántica. Siempre me ha extrañado que la titulara así, porque en realidad, cuando uno la escucha, evoca a una peli con una Barbara Streisand melancolica, que pasea por un hermoso y otoñal NY. También tiene momentos muy Memorias de Africa (igual por el tipo de instrumentos escogidos por john Barry). Ravel, una vez más, consigue repetir el mismo tema melódico hasta el infinito y sin cansar, ¡solo él puede hacerlo!, es como una canción de Sabina, solo suena bien si la canta él. La orquesta muy bien aunque algo fría en el inicio.
Para despistar, supongo, el director decidió pasar sin descanso ninguno, que nos permitiera aplaudir, a la obra de Arvo Pärt en memoria de Benjamín Britten. Como es un horror que empieza con un tañido de campanas, vamos, tocando a muerto, pues muchos pensarían que formaba parte de lo de la infanta, que después de pasear bajo el sol nos llevaban al entierro... Yo de Pärt solo he escuchado su sinfonía "los ángeles" y me dio miedo. Algunos pueden calificarlo de minimalismo, para mi es crear con la música sonidos tensos, extreñidos, astringentes y casi terroríficos. La orquesta brillante, enhorabuena a los chelos y bajos que espero que conserven las yemas de sus dedos, tras semejante ejercicio de tensión estilística.

De ahí, y montados en el autobús, el director nos llevó hacia la Serenata para Tenor, trompa y cuerdas de Benjamin Britten. Debo decir que a mi, personalmente, me gustó mucho. Siempre disfruto con las obras dedicadas a instrumentos, que no son los habituales y me pareció un conjunto muy hermoso. José Luis Morato, el solista de trompa, muy bueno técnicamente, en algunos momentos eclipsó al tenor Nicholas Mulroy, que a pesar de tener una voz bonita, se escuchaba con poca fuerza en ocasiones  (al menos donde yo estaba) Este tenor parece especializado en cantar poemas, como ya hiciera con los de Neruda.
En esta obra, que Britten escribió durante una convalecencia por sarampión, hace algo muy original, que es escribir como conjunto sinfónico, una colección de canciones basadas en poemas Ingleses. Estos poemas van desde el medievo, hasta autores románticos como Keats o Tennyson, pero todos ellos, tienen como temática la noche. Me gusto mucho como Britten adapta las inflexiones del idioma Inglés a la música, como moldea los sonidos para arropar a las palabras. Curiosamente, en el descanso, por lo que pude oír, casi nadie compartia mi opinión sobre esta obra, que encontré muy bonita. Lo que digo, algo flotaba en el ambiente.
La noche terminó con una bella obra de Haydn, La Sinfonía "Militar". Para algunos su mejor sinfonía, es desde luego una obra muy bonita, sobre todo el famoso allegretto donde introduce una "percusión Turca", platillos, bombo y triángulo. Los que me leéis a menudo, ya sabéis que yo disfruto muchisimo con la percusión en la orquesta, y esperaba con fruición el allegretto. ¡Sonó precioso! como también lo hizo el pequeño solo de timbal del ultimo movimiento.
Como dije al principio, resultó un concierto extraño, al principio la orquesta parecía fría y no ayudó el programa, sobre todo Arvo, a hacernos entrar en calor. La obra de Britten, que disfruté mucho, dejó a la mayoría del publico un poco indiferente y el ambiente solo se caldeó cuando llegó uno de los clásicos, Haydn.
Nos veremos en el próximo concierto, que por desgracia, será el ultimo de la temporada, ¡el tiempo vuela!










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