miércoles, 11 de enero de 2017

Gota a Gota...

      Dicen que la historia la escriben los vencedores, que siempre se repite y que "Spain is different" ¡Pasen y vean!
 
       Tras estudiar la correspondencia familiar y repasar la hemeroteca, llego a la conclusión de que la historia del periodo correspondiente al Frente Popular, es la historia de un funeral en bucle. Como en un trágico "día de la marmota" vemos caer cronológicamente, desde agentes del orden publico, hasta políticos de todo signo, amén de personas sin ningún tipo de significación política. Impunes asesinatos que sin cesar, se fueron sucediendo hasta culminar en la Guerra Civil Española.
 
        Quizás por su reiteración llega un momento que tal retahíla de asesinatos, llega a perder su sentido humano o religioso, y a convertirse solo en una herramienta política. Al final entre tiros se formaba una batalla campal que llevaba a nuevos entierros. Alguien con un refinado humor negro podría construir un sainete con algo tan macabro como irónico, yo carezco del necesario.
 
         14 de abril de 1936. Con motivo de la conmemoración del quinto aniversario del advenimiento de la II Republica, (recordemos que arribada por abandono doloso de la monarquía)  se celebra un desfile militar, en el cual,  desfila el Benemérito Instituto de la Guardia Civil (*1). A su paso por la Castellana, frente a la tribuna presidencial, situada en la Plaza de Recoletos, un reducido número de agitadores anarquistas asistentes, abuchean a los que desfilan, pidiéndoles el debido respeto el Alférez de la Guardia Civil D. Anastasio de los Reyes, quien asiste de paisano como mero espectador, acompañado por otros cuatro miembros de su mismo cuerpo. Al volverles la espalda, es cobarde y vilmente asesinado de un solo disparo, a la vez que hieren a otros dos de sus acompañantes, a un civil y a una mujer y al niño que sostiene en brazos. Ante semejante horror uno esperaría una reacción gubernamental acorde con la situación. La que se produjo fue tan bochornosa como ignominiosa Se ordena el entierro en la mas estricta intimidad omitiendo en  la esquela publicada por la Dirección General del cuerpo, las causas del fallecimiento. Así un asesinato vil y rastrero por la espalda en un acto publico trataba de silenciarse cobardemente. 
 
         De nada sirvió el comportamiento del Inspector General D. Sebastián Pozas Perea (*2), quien desbordado por los acontecimientos que se producen y bajo la atenta dirección del Teniente Coronel de la Guardia Civil  D. Florentino González Valles (*3), (responsable del entonces conocido como cuartel de  las Cuarenta Fanegas, actual Parque Móvil de la Guardia Civil), junto a otros jefes y oficiales del propio cuerpo y del ejercito, secuestran literalmente el cadáver del deposito judicial para conducirlo a sus propias dependencias. El cadáver fue trasladado posteriormente al cuartel de  Bellas Artes, de donde posteriormente partió el sepelio. Curiosamente, cuando llegaron con el cadáver al primero de los acuartelamientos, se encuentran aguardándoles una orden escrita de la Dirección General, donde contradiciéndose con las anteriores, se designaba fecha y hora para las exequias del asesinado alférez: las once de la mañana del día 16 de abril de 1936. ¿El truco? No podían asistir al sepelio militares en activo por coincidir con la jornada normal de servicio en destinos.
 
          Sabedores de la responsabilidad en la que incurrirían de contradecir la orden recibida, se acuerda que el funeral se celebre a las quince del mismo día. La esquela se encarga al diario ABC. Dicha esquela es censurada por la autoridad gubernativa sin recato alguno, retirando de ella la pertenencia del difunto al Benemérito Instituto, su destino en el citado cuartel y la hora del sepelio. ¡Vamos que dejaron el nombre del muerto de milagro!
 
      16 de abril de 1936, siguiendo instrucciones que parten del Ministerio de la Guerra, se sugiere que se incluya en el orden del día: cuartel y revista, con el fin de impedir la asistencia de personal militar a dicho entierro. La desobediencia fue masiva. El "todo" Madrid, se hizo presente en el sepelio, gran numero de jefes, oficiales y suboficiales incluidos. Obligados por unas circunstancias que se les "escaparon de las manos", a las tres de la tarde se ponen al frente del cortejo fúnebre D. Julio Mena Zueco (*4), subsecretario del Ministerio de la Guerra, el ya citado general Pozas, Inspector General de la Guardia Civil y el Director General  de Seguridad José Alonso Mallol (*5).
Como si se tratara de un funeral de la mafia, el acto fúnebre se tiñe de sangre con un tiroteo. El personal militar con las armas amartilladas, protegen el discurrir del cortejo desde los laterales arbolados de la Castellana, Mientras tanto comienzan las amenazas, casi agresiones, por parte de dignísimos e indignadísimos oficiales y jefes de la benemérita y ejercito, a los generales que con tan mala gana encabezaban la marcha.
 
      Siguiendo las contradictorias instrucciones del asustadísimo Director General de Seguridad, en la plaza de Manuel Becerra, se encuentran con  un número indeterminado de camiones descubiertos de la Guardia de Asalto (teniendo en cuenta que cada uno de ellos disponía de 25 plazas. Un Pelotón, al mando de un suboficial y tres Cabos), sin llegar a ser una Compañía, si pasaban de la Sección  (con un número de agentes próximo a los 90). Al frente de dicha fuerza, estaba el  teniente D. José del Castillo Sáenz de Tejada (*6), quien según testimonio directo de un asistente al sepelio, "carente de toda autoridad sobre la fuerza que mandaba", se enzarza en discusiones con oficiales (incluso de su misma promoción y arma de procedencia) presentes en el acto, lo cual agudiza al máximo la tensión del momento. Tensión que se salda con la muerte por disparo de un asistente, D. Antonio Sáez de Heredia (casualmente pariente de D. José Antonio Primo de Rivera), “rematando la faena” el propio teniente del Castillo, al disparar a quemarropa sobre el joven D. Luis Llaguno (próximo ideológicamente al Tradicionalismo) Este no presentaba amenaza alguna ya que ni siquiera estaba armado.
 
     El saldo del entierro del alférez fue el siguiente: dos asesinados y del orden de cuarenta y siete heridos atendidos medicamente en las "Casas de Socorro" de Chamberí, Buena Vista, Equipo Quirúrgico del Centro y Hospital de la Cruz Roja. De ellos fallecieron como consecuencia de las heridas de bala sufridas, cuatro personas más. Por carecer de filiación política conocida solo conozco sus nombres y apellidos que cito por orden alfabético: D. Julio Mir; D. José Rangel; D. Luis Rodríguez y D. Manuel Rodríguez.
 
         Tanto en el resumen del asesinato del alférez Sr. de los Reyes, como en todo el “show” que la insidia, negligencia, cobardía  y mala fe partidista orquestó y continúa orquestando con sus exequias, creo poder afirmar, que interesadamente fueron manipuladas tanto en el momento de su celebración como a posteriori, cambiando interesadamente de momento y lugar, entre otros, los datos de los dos asesinados de conocida filiación política. Esta afirmación la hago, entre otras cosas, porque tratando de determinar las filiaciones y circunstancias de los otro cuatro fallecidos por heridas de bala, me ha sido imposible encontrar dos informaciones iguales en los diarios de la época. Como los datos son datos, es evidente que tanta discordancia no puede ser casual.
 
        Todos los jefes y oficiales implicados en la celebración de unas exequias dignas, para un digno subordinado y compañero de armas, fueron cesados en sus respectivos destinos y quedaron en situación de “disponibles forzosos” de sus correspondientes direcciones generales.
 
        Son las cosas que pasan cuando la "sensibilidad" de los asesinos, pasa por encima de la de las victimas.
 
        12 de julio de 1936, tarde - noche. Frente a la puerta de su domicilio, el numero 2 de la C./ Augusto Figueroa (prácticamente a la puerta de la Capilla del Humilladero), esquina con la C./Fuencarral, es asesinado a balazos el teniente de la policía de asalto D. José Castillo Sáenz de Tejada. Este pertenecía a las pro – comunistas Juventudes Socialistas Unificadas, a él y a dicha organización, los “Tradicionalistas” les culpaban por el asesinato  (en un entierro), del joven militante tradicionalista ya citado D. José Luis Llaguno Hacha. Su muerte en circunstancias incalificables no mereció la mínima investigación ni encuesta, ni judicialmente ni dentro del mismo cuerpo de asalto. A ciencia cierta y a pesar del tiempo transcurrido desde dicho crimen, la autoría del mismo no se puede determinar. El historiador D. Ian Gibson. apunta por dos veces , la posibilidad de que fuese obra del Tercio de Requetés de Madrid. Pero no llega a precisar nombres.
 
      Con el beneplácito del incalificable Ministro de la Gobernación, Juan Moles Ormella (*7), y a propuesta del Director General de Seguridad, el tal José Alonso Mallol, se dispone la capilla ardiente en dicha Dirección General, donde por testimonios escritos de testigos presenciales, considerados “no gratos” en aquellos ambientes: " la tensión es patente y las amenazas de toda índole están en boca de varios de los presentes". Planteándose, en presencia de los “testigos no gratos” a los que hago referencia, y a modo intimidatorio contra ellos, el formar una comisión y pedir una inmediata entrevista con el Ministro del ramo, para que autorizase una “redada acorde” contra los “fascistas”. De lo que se desprende de la documentación manejada al respecto, y cotejada esta con la interpretación que D. Ian Gibson hace al respecto: que el melifluo y cobarde ministro del ramo, la autorizó dando orden para que se facilitasen ficheros y  filiaciones  de sospechosos de pertenecer a Falange. Informes que ilegalmente, en la gran mayoría de las veces y casos, fueron obtenidos por sicarios del ya citado José Alonso Mallol ¡El condecorado salvador de perseguidos!
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(*1) Dada la labor participativa y abnegada de dicho cuerpo en toda catástrofe natural o accidente sufrido por la población civil, por R.D. 2088/1929 se le concedió a dicho instituto armado la Gran Cruz de la Orden de  Beneficencia, con distintivo negro y blanco.  De ahí su reconocida denominación de Benemérito.

(*2) General de Brigada D. Sebastián Pozas Perea: (Zaragoza 11.04.1876 – Ciudad de México 08.10.1946). De la contradictoria información cotejada (la familiar y la externa que pude recopilar), Con toda probabilidad, a la edad de 18 años (para los no hijos de militar, ni bachilleres el ingreso estaba limitado a: entre los 16 a 18) ingresa en la Escuela de Caballería, sita en la ciudad de Valladolid. La Academia General Militar, ubicada dentro del recinto del Alcázar de Toledo, había sido disuelta por R.D. de 8 de febrero de 1893, retornando el sistema formativo al de las antiguas escuelas para las armas de infantería y caballería y academias para los cuerpos de artillería, ingenieros y/o estado mayor. Por las antipatías manifiestas que se aprecian de otro general contemporáneo de su misma arma, creo, debo interpretar que D. Sebastián pasó los tres o cuatro cursos (dependiendo de las circunstancias) en la mencionada Escuela de Aplicación, correspondiente a su arma de origen caballería. Insisto, sita en la ciudad de Valladolid.

     Como la mayor parte de aquellos oficiales decimonónicos de infantería y caballería, su formación técnica estaba un tanto limitada a ciertos valores de índole castrense (amor a la patria,  honor, lealtad al mando, etc.)  En el caso que nos ocupa, como en el de todos aquellos que no intervinieron en las guerras coloniales y el consiguiente desastre, pasaron sus primeros años en destinos peninsulares o insulares, empezando a sonar  sus nombres a partir de las conocidas como guerras del Rif, en Marruecos, por méritos de guerra, donde ser considerado un “africanista” no era siempre  sinónimo de excelencia.

     Sin ánimo de empañar los méritos de los que se hubiera podido hacer acreedor, D. Sebastián. Deben de tenerse en cuenta las “cuentas del gran capitán” a su paso por la Intervención General de Melilla, de donde sin duda alguna surge su futuro auge, que le termina llevando a la Dirección General de la Guardia Civil. Cargo en el que sucede al General Cabanellas, bajo la álgida del diputado por Melilla D. Carlos Echeguren Ocio, quien ocupaba en el gobierno de Manuel Portela Valladares  el cargo de Subsecretario del Ministerio de Gobernación.  Su relación venia de antiguo, ya que Echeguren había formado parte del Comité Republicano – Socialista de Melilla y y D. Sebastián llevaba la Intervención en dicha plaza. Recuérdese el conocido dicho que surge tras la creación del Cuerpo de Intervención en la Armada, donde jugando con los fondos de galones (blanco para Intendencia y negro para Intervención, nace el  dicho: “Intervención, trae negra a Intendencia”.
      Para bien o para mal, no confundir a D. Sebastián Pozas Perea con el Teniente General D. Pio López Pozas, asesinado vilmente en Madrid  por milicianos, en los primeros días del golpe de estado.

(*3) Teniente Coronel de la Guardia Civil D. Florentino González Vallés: Procedente del arma de Infantería, se incorpora a la Guardia Civil como Teniente, pasando a prestar su primer destino en dicho cuerpo, en el cuartel de Villalba (Lugo). Alcanzó el grado de Teniente Coronel, viéndose involucrado en los penosos acontecimientos que se ocasionaron con las exequias de su subordinado D. Anastasio Reyes, quedando tras estos luctuosos hechos, en calidad de disponible forzoso.
        Tras el Golpe de Estado, en julio de 1936 fue nombrado Gobernador Civil de la Coruña, cargo en el que permaneció hasta octubre del mismo año. Siendo posteriormente Jefe de las Comandancias de la Guardia Civil de León, Lugo, La Coruña, Santander y Pontevedra. Falleció relativamente joven, a los cincuenta y ocho años. Su hijo D. Lorenzo González – Vallés Sánchez siguió con total éxito y entrega la vocación y profesión de su padre, alcanzando el generalato y siendo vilmente asesinado por ETA, en septiembre de 1979, cuando estaba destinado como gobernador militar de Guipúzcoa.
        Posiblemente en este cainita país, el día que realmente se escriba una historia no interesada ni distorsionada, D. Florentino, merezca otro tratamiento, que el dispuesto por ciertos “reescribidores y tardíos ganadores de su propia guerra perdida”. Habiendo influido sin duda en todas las “BARRABASADAS” que sobre él se escribieron, su pronto fallecimiento y las desgraciadas circunstancias en las que su hijo fue vil y cobardemente asesinado por los “gudaris de la libertad”.

(*4) General de Brigada D. Julio Mena Zueco: (Tarazona 19.12.1874 – Madrid 10.02.1947). Ingresa en la Escuela de Infantería de Toledo en el curso de 1894, primero tras la disolución de la Escuela General Militar, donde al parecer, no obstante a la calidad perdida con el paso a simple escuela formativa del propio arma, aún sigue conservando los “laureles” sembrados por su predecesora y la imperecedera memoria del Mariscal de Campo D. José Galbis Abella y el plantel de profesores que le siguieron. No puede olvidarse que dichos centros formativos recuperaron su original programa de simples Escuelas  de Aplicación del arma. En la “manigua” Cubana tuvo su “bautismo de fuego” y la intensa y acelerada formación humana que daba el sentirse totalmente abandonados por el poder político patrio del momento. Con la frustración profesional y humana de dicha experiencia, regresa a la península y es  destinado a Marruecos, donde se limita a cumplir las órdenes que recibe. Prueba evidente de ello es la carencia de rimbombantes cruces al mérito, tan pródigas entre los “africanistas” (limitándose a la posesión de la Gran Cruz de la Orden Militar de San Hermenegildo) y otras al mérito de segunda clase. En fecha 3 de febrero de 1932, es promovido a General de Brigada de su misma arma. Ocupa el cargo de Subsecretario del Ministerio de la Guerra, entre el 1 de marzo de 1936 y el 14 de mayo del mismo año, ostentando el cargo de ministro del ramo D. Carlos Masquelet Lacaci, de quien las “lenguas de doble filo” aseguraban, que el nombramiento de Subsecretario se debía a la pusilanimidad del nombrado, para que no le hiciese sombra al ministro. Contrariamente a las afirmaciones reiteradas de que fue fusilado por los “golpistas”, tras ser juzgado sumariamente, fue expulsado del ejército, falleciendo en Madrid de muerte natural.

(*5) José Alonso Mallol: (El Raval Roig – Alicante – México) De acuerdo a las referencias familiares que de este personaje pude recopilar y habida cuenta de su paso como Gobernador Civil de Oviedo – Asturias, donde un familiar en segunda generación ascendente, desempeñó hasta el 17 de julio de 1936 un importante cargo funcionarial por oposición, del que fue apartado vitaliciamente, encarcelado y juzgado en rebeldía por su no adhesión al Glorioso Alzamiento Nacional. A decir de  mi familiar, no desmerecían sus actos de los del criminal nazi: Reinhard T. E. Heydrich En contra de todas las loas y lisonjas que se pueden leer y aún oír hoy, decir que su formación, tanto academicista como autodidacta, eran nulas. Su resentimiento corría parejo a los desprecios y menosprecios de los que se sentía injustificadamente acreedor.
 
      Copio literal: “más para mal, que para bien, encajaba perfectamente en aquellos arribistas del Partido Republicano Radical Socialista (PRRS)”. Si a ello unimos el uso y abuso de la propaganda que de sus actuaciones se hicieron en el revisionismo del paso por la Moncloa de más torticero y nefasto de los políticos españoles. Ahí lo dejo. A veces me pregunto si los que tanto loan y ensalzan a algunos, tienen realmente idea de a quienes están glosando. En este caso a uno de los más viles políticos del periodo del Frente Popular.

(*6) D. José del Castillo Sáenz de Tejada: (Alcalá la Real – Jaén 29.01.1901 – Madrid 12.07.1936). Alférez de Infantería en 1922. Siguiendo la tónica de la época pasa al Rif, donde por aquellos “méritos de guerra que tantas suspicacias levantaban en los estamentos cívicos de la época”, alcanza el grado de Teniente. A partir de este hecho y su posterior paso a la recién creada Guardia de Asalto, su amistad con el Capitán Fernando Condes, y sus actividades en la Revolución del 34 y comportamiento personal y profesional, (contrastado de primera mano), me obligan a omitir todo lo que podría decir. Que en ningún caso sería bueno. No obstante quiero aclarar que para mi, no existen asesinatos buenos o malos. A nivel personal lo considero el más vil de los actos y siempre injustificable.

         Por otro lado, puedo comprender que perder una guerra sea duro, pero tratar de ganarla a posteriori subvirtiendo la verdad y barnizando a personajes como el Teniente Castillo de integridad es bastante complejo. Mucho peor cuando se trata de equiparar su asesinato con el del diputado D. José Calvo Sotelo.

(*7) Juan Moles Ormella: (Gracia – Barcelona – México 1943) Licenciado en Derecho y ejerciente de la abogacía en Barcelona. Militante sucesivo y en persecución de la ascensión política en Unión Republicana, Centro Nacionalista Republicano y Unión Federalista Republicana. Por su total inutilidad, manifiesta y demostrada, alcanzó y desempeñó los más dispares cargos políticos: Ministro de la Gobernación, 13.05.1936 – 18.07.1938, habiendo sido con anterioridad desde Teniente de Alcalde de Barcelona a Alto Comisario en Marruecos. A nivel familiar de la que esto suscribe: “Un triste fantoche, inconsciente del daño que su propia incapacidad le producía y generaba en su entorno”. 
 
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El texto y la investigación que subyace pertenecen a Audrey y yo. Si vas a usarlo, cita la fuente. Recuerda que las "fuentes familiares" no están publicadas previamente.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

3 comentarios:

  1. Chamaca:
    Ya van saliendo los pinches alacranes rateros, fueron agarrados en curva, metiéndole la mano a los fondos del JARE, y no son argüendes, su hacer, el bajar todo lo que pillaban a la par con el Esplá. Entre ellas las joyas de la Abuela, sacudidas en la Calle Carretas de Madrid en julio de 1936 y encontradas en C. de México. Cuentear era lo de ellos y cantar mal las rancheras.

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  2. Van saliendo si, pero lo hecho ya no tiene arreglo. Solo queda no permitir que se cometan los mismos errores.
    Un saludo

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  3. Hola
    Me llamo Guillermo, acabo de encontrar este blog y que se menciona a mi abuelo, a quien no conocí, Florentino González Vallés. Parece que usted conoce cosas sobre él, me gustaría mucho encontrar más información.
    Muchas gracias por su comentario reivindicando su figura, me ha alegrado mucho.
    Saludos cordiales

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